domingo, 17 de mayo de 2009




Ya tanto silencio
me hizo sordo el corazón,
no se escucha ni una voz
en mi lastimada soledad.
Hasta olvidé como leer
pues la oscuridad
me lo impidió hasta ahora.
No sé escribir más,
esta soga y esta constante sombra
me volvieron analfabeta de alma,
joya perdida del dolor única en su especie.
La luz más opaca soy yo,
cimiento roto de una verdad
adormecida por la mentira.
Se me cerraron los ojos
mientras respiraba dudas.
Sospecho que ya había muertoy todos se enorgullecieron de eso.
Me felicitaban golpeando mi frente
con un permanente “títere”.
Pero es que era tan seguro,
y parecía tan cómodo.
Perdón de Dios no tengo,
aunque en mi asquerosa mortalidad
entendí que vivir no precisamente implica existir
y para existir debí dejar de vivir
aunque los ojos amarillos no entendieron
y heme aquí, rezando.
Entre pedazos de miradas
intentando conseguir cerrar los parpados
y dormir profunda y continuo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario